Lo que Estados Unidos Busca en Nicaragua.

Nicaragua vive hoy una fuerte presión externa digitada, principalmente, desde los Estados Unidos y por su influencia, de países aliados de Washington, tanto de Europa como de Latinoamérica, que han generado una política de coacción y discriminación contra este país centroamericano y su gobierno; legítimo y elegido democráticamente. Un país que durante los meses de abril a julio del año 2018 vivió lo que su gobierno consideró una asonada golpista y terrorista.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, junto a miembros de su gobierno y dirigentes del Frente Sandinista, han hecho esfuerzos constantes para estabilizar la situación política en su país. Una muestra de ello ha sido la decisión de liberar a todos los prisioneros detenidos por participar en los acontecimientos, que generaron decenas de muertes y cientos de heridos, unido a la destrucción de bienes públicos y la división social en el país. A fines del mes de marzo de este año 2019, un centenar de infractores a la ley fueron liberados de las cárceles y transferidos a arrestos domiciliarios, como una muestra de la buena voluntad de avanzar en este camino de pacificación social.

Posteriormente, durante el mes de junio, el Gobierno presidido por Ortega en cumplimiento con la Ley de Amnistía aprobada por el Parlamento Nacional de ese país, concedió la plena libertad a medio millar de reos detenidos por los delitos de terrorismo, incitación de odio, obstrucción de la labor pública y destrucción, según el Ministerio Público. Este es un paso reconocido internacionalmente, que permite la reanudación del diálogo y así concretar el objetivo de estabilizar políticamente a Nicaragua y recuperar el tiempo perdido para su desarrollo que según datos entregados por el gobierno sandinista significaron daños económicos por casi mil millones de dólares, con perjuicios en el sector público, en el área de turismo, en infraestructura pública, pérdida de la menos 100 mil empleos y reducción del presupuesto general de la República.

Lo señalado precedentemente expresa, sin duda alguna, que el pueblo nicaragüense y sus autoridades son capaces, sin intervención externa alguna, de encontrar una solución a los problemas que los aquejan. Además, consignemos que todas las fuerzas nacionales han expresado su intención de trabajar, de manera coherente y constructiva para así garantizar el desarrollo sostenible y progresivo del país. Mientras el pueblo nicaragüense busca el camino de la paz, Washington ha intensificado los esfuerzos en todos los ámbitos, para aumentar la presión regional sobre el gobierno nicaragüense, utilizando para este propósito a la Organización de Estados Americanos (OEA) que está completamente sometida a su control, como lo hemos visto en el caso Venezuela. Y una de las formas que han propiciado es promover la idea de suspender la participación de la nación centroamericana en el organismo regional, apelando a la supuesta violación de los derechos humanos y la libertad de expresión, que supuestamente llevaría a cabo el gobierno de Managua contra la oposición. Una fórmula que se suele utilizar y cuyos ejemplos más claros se han vivido en el caso de Cuba y Venezuela, sometidos también a enormes presiones por parte del gobierno estadoundeinse y sus aliados incondicionales a todo evento.

¿Por qué detenerse con detalles sobre el tema de la interferencia, desinformación y manipulación sin fin que se propicia desde fuera respecto a Nicaragua? En modo algunos se trata de provocar porque si a Washington y sus aliados occidentales – la realidad suele mostrar toda la dimensión de la actuación y responsabilidad de estos poderes sin profundizar mucho más, es muy evidente -sino màs bien dar cuenta que desde el punto de vista del derecho internacional se ha establecido una violación permanente de este derecho y de las relaciones internacionales basado en el. Eso es preocupante y debe mover a reflexión y a la suspensión de esta conducta.

Tanto el presidente estadounidense Donald Trump como el secretario de estado Mike Pompeo suelen hablar de realidades positivas que lleva a cabo estados Unidos en el plano internacional pero, no existen ejemplos de esas realidades que supuestamente conducirían a mejoras mundiales en el plano de las relaciones entre los países. Donde está Washington existe, necesariamente, una violación del derecho internacional y ahí sí que tenemos ejemplos incontrarrestables. Además de una degradación de la situación “sobre el terreno”. Esto, indudablemente, conduce a problemas colosales en la vida y destino de los pueblos que son sometidos a las presiones, invasiones, y agresiones propiciadas por Estados Unidos.

En ese marco ¿Dónde están los ejemplos positivos que podrían considerarse como un modelo de acciones de Estados Unidos?”. Ellos, simplemente, no existen y con Nicaragua es evidente que Washington busca generar inestabilidad en su propio beneficio. No es casual que en marzo de este año 2019 Mike Pompeo haya señalado, en una audiencia ante el senado estadoundiense que «a Nicaragua podrían aplicársele sanciones, similares a las que se han aprobado contra Cuba y Venezuela, por ser considerada una amenaza a la seguridad de Estados Unidos». ¿Nicaragua, una amenaza, un país tan chiquito?

En el contexto de todas las cosas negativas que suceden en torno a Nicaragua, resulta evidente que existen quienes desean atomizar la situación en el país centroamericano, encabezados por Estados Unidos. Y, otros países donde resalta la Federación Rusa, la república Popular China y algunos estados europeos, que afirman, vía sus gobiernos y en los foros internacionales, que las contradicciones internas de este país centroamericano pueden y debe resolverse de acuerdo con lo establecido por la Carta de las Naciones Unidas, teniendo como base no sólo el respecto irrestricto a sus propósitos y principios, con apego al arreglo pacifico de las controversias. Lo fundamental en este plano es observar los principios básicos del derecho internacional y sin ninguna interferencia externa que propicie la utilización de factores internos de inestabilidad. Es necesario que el número de partidarios en el escenario de los 193 miembros d elas naciones Unidas crezca no sólo numéricamente, sino que en alzar la voz exigiendo un enfoque civilizado de solución a los problemas que enfrentan los países, dando así a la humanidad la esperanza de una coexistencia larga, pacífica y mutuamente beneficiosa.

 

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