Chile- Israel: Mejor Autárquicos que mal acompañados.

La siguiente columna de opinión no fue publicada en El Mostrador.
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He leído con atención la columna de opinión del Sr. Eduardo Weinstein donde señala que Chile e Israel son entidades que requieren necesarias integraciones, bajo la premisa que hasta ahora hemos transitado en un mundo con dicotomías: o somos autárquicos o generamos alianzas que nos saquen de ese enclaustramiento.

El columnista citado señala textualmente «Con las primeras, se han favorecido la xenofobia, los racismos y las desigualdades, mientras que con las segundas se ha tendido a la integración, la cooperación y la construcción de un sistema universal de protecciones». Así es, más claro echarle agua pues, efectivamente, bajo ese entendimiento surge la pregunta ¿Por qué Chile debería integrarse con un régimen que basa su política de ocupación del pueblo palestino, desde el año 1948 a la fecha, cuando nace Israel como entidad tras el fin del Mandato británico sobre Palestina cometiendo crímenes de guerra y de lesa humanidad?

¿Queremos, como sociedad, integrarnos con un régimen que ha hecho precisamente de la xenofobia, el racismo y la desigualdad su forma de relacionarse con el pueblo al cual somete, ocupa, coloniza y que sólo el año 2018 según datos entregados por las Naciones Unidas asesinó a 298 palestinos, gran parte de ellos por disparos efectuados por francotiradores del Ejército Israelí, en la frontera artificial que separa la Franja de Gaza de la Palestina histórica?

Israel es el mayor violador de derechos humanos así reconocido por organismos internacionales como la ONU a través de resoluciones que han exigido: la devolución de los territorios ocupados, la eliminación del Muro de Apartheid que divide Cisjordania. El retorno de los refugiados palestinos. La eliminación de toda forma de discriminación. El término de las demoliciones de viviendas palestinas, el fin de la judaización de ciudades como Al Quds – Jerusalén – y Al Khalil – Hebrón – sometidas a un proceso de cerco, mediante asentamientos con colonos y la conformación de una narrativa de mitos históricos, arqueológicos y religioso que han merecido también la denuncia de organismos como la UNESCO.

Si sólo guía nuestra política exterior esta idea malsana de la Teoría de las cuerdas separadas (donde lo económico transita por un camino paralelo a lo político) estamos con la brújula extraviada. Me parece que tenemos mucho más que perder «integrándonos con Israel» guiándonos por esa nefasta orientación en política exterior, como si sólo los avances en materia hídrica, la cyberseguridad u otros adelantos que pueda mostrar la entidad sionista fuesen suficiente, para dejar de lado aspectos políticos y morales fundamentales a la hora de establecer lazos profundos entre los países.

Tiene razón el Sr. Weinstein respecto al tema hídrico pues efectivamente Israel tiene una experiencia única en materia de aprovechamiento de agua y transformación de zonas desérticas de alta productividad agrícola. Claro que a costa de territorios usurpados. Controlando el agua como método de presión y sanción en materia de acceso a ella por parte del pueblo palestino en cifras por debajo de los mínimos diarios necesarios para el uso y consumo humano. Como también consta, que esa agua, provenientes de recursos acuíferos en la Franja de Gaza y Cisjordania son controlados por el ocupante israelí, que mayoritariamente utiliza esa agua para abastecer sus colonias en territorio ocupado y la industria agrícola que suele vender sus productos bajo el rótulo Made in Israel pero que es generado en tierras palestina. Por ello, la necesidad de impulsar la campaña de Boicot, Desinversión y sanciones contra esa política israelí de ocupación y explotación, catalogado como crimen de guerra.

Ya tenemos ejemplos de lo nefasto que es vincularse con Israel en materias de seguridad, de la provisión de armas y contratos que suelen estar en la mira de la necesaria transparencia que deben tener los actos de un Estado como el chileno. Recordemos la situación que está siendo investigada por el Ministerio Público chileno, que da cuenta de decenas de facturas duplicadas en la contabilidad del Ejército por 220 millones de dólares, asociadas a operaciones de venta de armas y sistemas bélicos realizadas a través de la maestranza castrense, FAMAE, y que signan a empresas israelíes como Rafael Advance Defense Systems (con 19 millones de dólares) y Elbit Systems Land and C4 Tadiran con 22 millones de dólares, involucradas en estos ilícitos.

En materia de cyberseguridad el Estado chileno no puede asociarse con una entidad, que ha hecho del espionaje, de las operaciones de ejecuciones extrajudiciales, de la alianza con servicios de inteligencia involucrados en cuanta política de agresión contra sociedades en Latinoamérica, África y Oriente Medio, principalmente, países, desestabilización de gobiernos, responsables de cientos de miles de muertos allí donde han plantado sus pies. No podemos, como país estar asociados a una entidad que tiene como fundamento ideológico el considerar a aquellos que no son judíos como personas de segunda categoría, como lo establece la llamada Ley de Estado Nación puesta en marcha en Israel y que significa tener ciudadanos de primera y segunda categoría según sea tu origen étnico y religión. Chile no merece tener socios de esa catadura moral. Las relaciones virtuosas se construyen con sociedades que creen en el ser humano como un igual, que respeten los derechos humanos de pueblos como el palestino, que se sometan al derecho internacional.

Coincido que un intercambio entre países, bien pensado y adecuadamente construido, significa un paso positivo donde la integración aporta al desarrollo de las personas y comunidades pero?no con Israel, no con una entidad que ha hecho del desprecio a los derechos humanos su eje polínico con relación a Palestina, que agrede a países como Siria en aras de su alianza con Washington y los intereses que ello conlleva. ¿Integración? Sí, pero no con quien no respeta el derecho internacional, quien sigue ocupando territorios que no le pertenecen, que suele usar prácticas que implican corromper a instituciones públicas, para afianzar su industria militar.

No necesitamos a Israel, no necesitamos integrarnos con una entidad cuyos aportes son discutibles moralmente y donde podemos encontrar alternativas sin someternos a integrarnos con colonialistas, racistas y criminales. No podemos vender nuestra solidaridad, nuestra defensa de valores fundamentales por un plato de lentejas. Con relación a Israel «mejor autárquico que acompañados del sionismo».

Por: Pablo Jofré Leal. 21 enero 2019

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