Ahed Tamimi y Ola Marshoud: Dos Leonas Palestinas

En enero de este año 2018, cuando la joven palestina Ahed Tamimi fue detenida en su casa por las tropas ocupantes sionistas, acusada de abofetear a un soldado sionista compartí una reflexión que deseo retomar y ampliar en función, hoy, de la liberación de la joven luchadora de la aldea de Nabi Saleh en la Ribera occidental ocupada a sangre y fuego por colonos y tropas sionistas.

Y amplio lo afirmado pues un par de meses de la detención de Ahed Tamimi, fue secuestrada otra joven, Ola Marshoud, que a diferencia de Ahed Tamimi, aún se encuentra encarcelada en un recinto carcelario del régimen israelí. Marshoud, de 21 años fue acusada de pertenecer al “Bloque Islámico” denominación que el sionismo suele ocupar cuando se trata de luchadoras que expresan públicamente su resistencia contra la ocupación desde la visión de una mujer creyente en el islam y que en palestina no difiere de lo que cree todo palestino que aspira a su autodeterminación. Pero, es una forma siniestra del régimen ocupante de mostrar al Islam, a los ojos del mundo, como una creencia radical y peligrosa.

Ambas detenciones, junto a las de 400 palestinos menores de 16 años y 7 mil presos palestinos recluidos en las mazmorras israelíes, representan la expresión más palpable de lo que el sionismo significa para el mundo: una ideología colonialista, racista y criminal. El sionismo es una perversión, es la causa de la desdicha de millones de seres humanos, es la neo representación de regímenes como el nacionalsocialismo, es el NACIONALSIONISMO concretado en Palestina, que ejecuta contra su población la misma política exterminadora, que permitió al sionismo europeo generar, a partir de la conformación de la entidad israelí en suelo palestino el año 1948, una industria del holocausto como lo denuncia el intelectual judío Norman Finkelstein.

El sionismo es la visión de mundo totalitaria y atentatoria de los derechos humanos, violaciones contra quienes no son parte de este mito del “pueblo elegido” que ocupa, según su mito construido a partir de una supuesta “tierra prometida”. Es contra este sionismo, pero también contra una clase política palestina anquilosada y que no da el ancho, es que aparecen las figuras de lo que considero son las verdaderas ?mujeres maravillas? reales, de carne y hueso, que abofetean a quienes han golpeado al pueblo palestino por décadas, que insultan con toda justicia a estos ocupantes sionistas, que han ultrajado al pueblo palestino, desde que iniciaron la colonización de Palestina desde su Europa natal.

Ahed abofeteó el rostro de aquellos que millones deseamos golpear con todas nuestras fuerzas, que es una acción mínima frente a tanto crimen, tanto asesinato, frente a un muro vergonzoso, la destrucción de aldeas, de cultivos, de la demolición de casas. Ahed, con su acción, nos grita a los cuatro vientos, que no podemos seguir aceptando que los criminales ejecuten sus acciones delictivas con total impunidad. Ahed nos interpela, nos llama a combatir como lo hace ella y su familia. Ahed dignifica la vida, al ser humano que se enfrenta a bestias sedientas de sangre. Ahed Tamimi con su lucha diaria nos muestra el camino, que no es otro que el combate, en todos los frentes, contra el sionismo, contra los colonos y soldados ocupantes. Ella representa y es la expresión de dignidad de un pueblo que no deja de luchar.

Para el docente universitario y escritor chileno de origen palestino, Rodrigo Karmy, en un profundo texto sobre la liberación de Ahed Tamimi tras ocho meses de prisión por su gesto valiente y lleno de una carga simbólica, afirma que ese gesto, ese bofetón dado al ocupante “desmitologizó al colonizador, mostrándole frágil, débil, vulnerable: ¿cómo el golpe de una niña pudo desatar la reacción israelí sino es porque ese pequeño golpe exhibía que tras los tanques, la prepotencia y el racismo no hay más nada ni nadie, que el poder no es más que un simulacro que funciona en la misma superficie de los cuerpos?”.

Misma conducta de desmitificar al ocupante, al extranjero invasor, a su hasbara de ser “la mayor democracia de Oriente Medio” y que se representa en toda su falsedad en Ola Marshoud, secuestrada el día 12 de marzo del año 2018, desde su hogar ubicado en el campamento de refugiados de Balata en Nablus, ciudad de la Ribera Occidental. Acción efectuada por un comando de soldados que armados hasta los dientes irrumpieron en la casa familiar y la secuestraron, como lo han hecho con miles de hombres y mujeres que resisten el asedio y la ocupación sionista de su tierra. Ola Marshoud es una joven estudiante de la Facultad de Información de la Universidad Nacional de An Najah en la ciudad de Nablus y ha dedicado parte importante de su labor como estudiante y luchadora, en denunciar a las fuerzas de ocupación sionista, en un trabajo valiente y arriesgado.

Ola es parte de los 340 estudiantes universitarios palestinos, encerrados actualmente en las cárceles israelíes, sometidos a la violación de sus derechos humanos, sin que los organismos internacionales obliguen a la entidad sionista a liberarlos. Jóvenes a quienes se les imponen duros y vejatorios interrogatorios, presiones destinados a amilanarlos en su lucha por la autodeterminación del pueblo palestino y sin embargo los vemos llenos de fuerza y valor, iluminando el camino de la liberación, estudiando en condiciones difíciles, sujetos a la represión constante, al seguimiento de espías, a las amenazas contra sus familias. Y a pesar de ello, resisten.

Las fuerzas de ocupación suelen intimidar a los estudiantes, pero también a sus familiares, creando un clima de terror, llamando a la delación, al soplonaje. Una represión que se vive, a veces en forma directa o en ocasiones en forma más indirecta, enviando mensajes donde dan cuenta que se tomarán acciones represivas. Una de esas cartas, dirigida a los padres de los estudiantes – enviadas por los servicios de inteligencia sionista – afirma: “Si recibes este mensaje, significa que eres padres de uno de los activistas del bloque islámico, que es una actividad ilegal. Le advertimos que tal participación puede llevar al arresto de su hija, dañar su vida académica y su futuro, desperdiciar su dinero y causar preocupación e indignación en los corazones de su familia. Nos dirigimos a usted para darle seguimiento a las actividades de su hija y alejarla de tales acciones. Usted ha sido advertido de las consecuencias”.

Las amenazas sionistas no hacen mella en el corazón y y la conducta de miles de estudiantes palestinos decididos a derrotar al sionismo. Ola Marshoud es una de ellas y debe estar libre, debemos exigir su inmediata puesta en libertad. No existe justificación alguna que permita aceptar el secuestro de Ola Marshoud, secuestrada desde su casa, en territorio palestino, sin que hayamos leído o escuchado denuncias de organismos internacionales frente a esta evidente violación de los derechos de una mujer palestina. Es en estos momentos donde se extraña la reacción de los grupos feministas, que suelen salir a la calle por reivindicaciones, que parecen alejadas de las diarias preocupaciones de mujeres como Ahed y Ola. De las mujeres en Yemen y Bahréin. De las mujeres en Siria e Irak, en Libia, rohingyas y Mapuches. De mujeres en los países sometidos a agresiones y bloqueos: blancas, negras, mestizas, musulmanas, ortodoxas o católicas.

Que hermosa expresión de valor irradian estas jóvenes palestinas, cada una con su estilo particular de vestir, de enfrentarse al mundo. Con facciones que reflejan una enorme tranquilidad interior, a pesar de los apremios. Afables, serenas, que develan su tremenda entereza, con un claro mensaje que aterroriza a las fuerzas de ocupación ¡estamos aquí y no cejaremos en nuestro derecho a resistir y vencer!. Templadas pero fieras cuando hay que serlo, cuando se trata de su tierra y sus derechos. Ambas, sin más armas que su altura moral, sus acciones de denuncia han hecho tambalear el régimen de ocupación y los cientos de millones de dólares ocupados en tratar de limpiar su imagen de régimen colonialista y criminal.

Ambas, Ahed y Ola nos indican el camino de la resistencia como la dirección obligada para la autodeterminación del pueblo palestino. Frente a tanques, aviones, drones, blindados, submarinos, bombas lacrimógenas, demolición de viviendas, francotiradores. Frente al bloqueo, la usurpación y el robo de tierras, la destrucción de sus viviendas y cultivos. Frente a la diaria muerte de sus hermanos y hermanas, Ahed y Ola señalan el camino de la lucha activa, la resistencia sin vacilación y eso es más fuerte que cualquiera de las armas que el sionismo pueda mostrar a los millones de palestinos, como muestra de uno de los regímenes más brutales y criminales que haya conocido la humanidad.

Traigo desde el recuerdo – desde este volver a pasar por el corazón – lo que Ahed Tamimi sostuvo en un encuentro al cual fue invitada en Sudáfrica el año 2017. “Yo no quiero que me identifiquen como víctima, y no le voy a dar a sus acciones el poder de definir quién soy y seré. Yo elijo decidir por mí misma como ustedes me verán. No queremos su apoyo por unas lágrimas fotogénicas, sino porque elegimos la lucha y la lucha es justa. Esta va a ser la única forma que dejaremos de llorar algún día”. Hermosas palabras que se multiplican al sostener, el día de su liberación, que la resistencia continuará hasta que la ocupación termine. Una clara lección al mundo político palestino y una guía para la acción.

Meses después de estas palabras Ahed Tamimi, armada de su dignidad y entereza desafió a pié firme, en los terrenos de su casa, a los soldados sionistas armados hasta los dientes, que pocos minutos antes habían herido de gravedad a su primo Mohamed Tamimi. Sin más armas que una mano, abofeteó el rostro criminal del sionismo, mostrando al mundo, con ese gesto singular, la enorme debilidad que embarga a la entidad colonial. Misma debilidad visualizada al encarcelar a la joven estudiante Ola Marshoud por el sólo hecho de pensar que el camino de la resistencia es el camino para liberarse del yugo sionista y así avanzar en acciones concretas por la liberación de su pueblo.

Ahed y Ola son el relevo generacional lógico y necesario con responsabilidades enormes a pesar de su corta edad. Esto, pues no sólo deben luchar contra la ocupación y lo que ello conlleva, ya sea en la Franja de Gaza sometida a un brutal bloqueo desde el año 2006, como en la Cisjordania ocupada, sino que tener como norte la derrota total del sionismo, hasta su colapso, necesario y fundamental para la libertad de palestina y un respiro vital para Oriente Medio. A lo que debemos sumar la responsabilidad de lidiar con el anquilosamiento político, el estancamiento y la división política que sufre su pueblo en facciones y movimientos, que parecen no entender que el enemigo principal es uno contra el cual que dirigir los dardos.

Ahed y Ola son también un bofetón bien dado, a esa forma de pensar y de hacer política que se estila hoy en día, donde el pragmatismo suele dar paso a los consensos que frenan la búsqueda de soluciones en el marco de las conveniencias, de lo que es políticamente correcto y no de lo que es justo y necesario. Ahed y Ola son, para un futuro más optimista del pueblo palestino, la savia nueva, la sangre fresca que fluye para alzar la resistencia a niveles que hagan tambalear definitivamente al ocupante colonial. Insuflar así nuevos aires a una política que requiere dinamismo, limpieza y transparencia, que supere la cultura de la pasividad, las dificultades, salte los obstáculos y permita vencer los miedos, lógicos y presentes.

Ahed Tamimi y Ola Marshoud, así como Razan al-Nayar, joven enfermera de 22 años, asesinada el pasado mes de junio por francotiradores sionistas mientras socorría a palestinos heridos en el Campo de refugiados de Jan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza, son las verdaderas leonas de la resistencia palestina. Ellas expresan lo mejor del pueblo palestino. Mujeres valerosas, dotadas de una humanidad que las eleva a la categoría más alta del ser humano.

Ellas con sus acciones, con su privación de libertad y hasta con su muerte le propinan día a día derrota tras derrota al sionismo, acumulando oprobio y vergüenza frente a su actuar criminal, hasta que se logre su total expulsión de tierras palestinas. Ellos y sus muros, sus check points, sus asentamientos y bases militares. Cuando se habla de Mujer maravilla no hay que acudir a Hollywood. Allí en Nabi Saleh, en Balata, en la Franja de Gaza hay miles de mujeres que son una maravilla de seres humanos. Aprender de ella, de su valor, de su constante coraje contra el ocupante sionista es una luz y guía para los movimientos palestinos, que deben dejar de lado sus disputas y enfocarse en el combate contra el verdadero enemigo. Debemos tener presente, siempre, en forma permanente, que el enemigo es el sionismo y ello implica terminar con todo tipo de acuerdos y coordinaciones, sobre todo en materia de seguridad con el régimen ocupante, que sólo ha servido para estimular la ocupación en la Cisjordania, el bloqueo de la Franja de Gaza y la judaización de Al Quds.

La libertad de Ahed Tamimi, tras ocho meses de encarcelamiento. Los seis meses de cárcel – ampliado a otros siete – de Ola Marshoud, la muerte de Razan Al Nayar en junio pasado, nos recuerdan que cada lágrima será cobrada, cada vivienda demolida, cada crimen, cada violación a los derechos humanos de cada palestino sometido al régimen de apartheid israelí, está siendo contabilizado. Que no lo dude el sionismo, sus políticos, adherentes y colaboradores, pagarán cada uno de sus crímenes. La dirección de las balas ya cambiará de orientación y se hará justicia.

El sionismo debe estar alerta pues son millones las Ahed, Ola y Razan que en sus diversas formas de lucha nos señalan el camino del combate y la resistencia. El ojo por ojo está expectante sobre esta ideología delirante y perversa, que suele apelar permanentemente a la torah como justificación religiosa a su quehacer político.. Está escrito en Éxodo 21:23-25: “Pero si hubiera algún otro daño, entonces pondrás como castigo, vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”. El concepto se repite en Levítico 24:18-20 y en Deuteronomio 19:21. Para aquellos sionistas aquejados del síndrome del disparar y llorar, que apelan permanentemente al victimismo y levantarán indignados sus adjetivos condenatorios, simplemente sostengo, que van a recibir y multiplicado aquello que dan y que lo tienen en sus escrituras de adoración.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*