Programa Detrás de la Razón: Jerusalén. La cúspide del pacto entre EEUU e Israel

‘Al-Quds es la capital eterna de Palestina (…) Esta decisión (de EE.UU. sobre Al-Quds) destruye deliberadamente los esfuerzos para hacer realidad la paz. ‘Esta decisión destruye deliberadamente los esfuerzos para hacer realidad la paz, y refuerza el extremismo’, así lo sentenció el presidente palestino Mahmud Abás. Desde que el presidente estadounidense, Donald Trump, hiciera pública su decisión sobre la ciudad de Al-Quds (Jerusalén), y ordenara trasladar la embajada de EE.UU. de Tel Aviv a esa urbe, casi todo el mundo se ha convertido en escenario de manifestaciones en contra. Los líderes palestinos, han convocado a una nueva intifada para acabar con la ocupación de sus tierras. En nuestras ediciones anteriores, hemos venido explicando los aspectos históricos, religiosos, desde el derecho internacional sobre la causa palestina, el significado de Jerusalén y los motivos de las reacciones en contra de la respectiva medida. Pero algo clave en todo esto, y sobre lo cual han girado muchas interrogantes, tiene que ver con la alianza entre Israel y EE.UU., un pacto indivisible que incluso va a contracorriente de lo que opina o dicen bloques, organizaciones y en general el mundo entero. Mucho se ha comentado sobre la diferencia de la Administración Trump y sus predecesores en cuanto a las ‘complacencias’ mostradas hacia Israel. En 2016, cuando aún era el candidato republicano, durante un encuentro con el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu, en Nueva York, Donald Trump le expresó que si ganaba las elecciones presidenciales reconocería a Jerusalén como la capital unida de Israel. Desde su partido, se llegó a emitir un comunicado que decía textualmente: ‘Trump está de acuerdo en que la asistencia militar que EE.UU. proporciona a Israel y la cooperación en materia de defensa con Israel son una inversión excelente para América’. En 2013, Jack Straw, miembro del Parlamento y exsecretario de Asuntos Exteriores del Partido Laborista (PL) británico, dijo ‘grupos políticos proisraelíes como el lobby sionista AIPAC (acrónimo del Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel) trabajan con fondos ilimitados para desviar la política estadounidense en la región (Oriente Medio)’. Mucho ha salido a la luz pública sobre la influencia del lobby judío en el Congreso estadounidense. Algo que parece haber alcanzado su cénit con la reciente declaración de Donald Trump sobre Jerusalén. Basta con ir unas semanas atrás y observar como de la misma manera, unilateral, EE.UU. no certificó el acuerdo nuclear firmado entre Irán y el Grupo 5+1 (EE.UU., el Reino Unido, Francia, Rusia y China, más Alemania) en 2015, yendo en contra del mundo entero y recibiendo solo el apoyo de Israel, al respecto. Volviendo al tema de Jerusalén, y la función ‘mediadora’ que ha tenido la nación norteamericana desde hace décadas, otro dato sobre el cual se debe poner la atención, es el origen de las tres personas encargadas por el propio Trump para conducir el proceso de paz entre israelíes y palestinos, se trata de judíos sionistas que han hecho donaciones no solo a Israel sino también a algunas de las colonias judías más radicales de la ocupada Cisjordania, uno de los nombres que figura en esa lista de funcionarios, es el de Jared Kushner, yerno y asesor del presidente Trump. De lo que no cabe duda, es que la medida de Trump sobre Jerusalén abre nuevos cuestionamientos sobre el peso y poder de algunos grupos de presión en Washington, y los fines para los que se está utilizando esa inquebrantable alianza. En ‘Detrás de la Razón’ los analistas contestan y usted en su casa concluye. Y si la realidad hace lo que quiere, entonces nosotros volveremos a preguntar. Lo importante es descubrir los ángulos que no dicen los gobiernos ni los medios de comunicación.

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