Irán y 38 años de Lucha Soberana y Digna – Parte II

En la parte I de este trabajo sostenía que la otrora “isla de estabilidad” con que el ex mandatario estadounidense Jimmy Carter definía al Irán sujeto al dominio estadounidense se vio sacudida por una Revolución.

Una revolución que comenzó a cambiar, no sólo estructuralmente la nación persa, sino también la correlación de fuerzas en la zona de Oriente Medio y Asia Central. En sus 38 años, desde el triunfo de las fuerzas revolucionarias, la República Islámica de Irán ha tenido que ampliar su estado de alerta en todos los planos, fortalecer su capacidad disuasiva, elevar la moral combativa de sus tropas, desarrollar su industria, investigar, crear, innovar a pesar de las restricciones y bloqueos que día a día tiene que sortear. Un combate que no ceja en virtud de la determinación de sus enemigos occidentales y regionales decididos a destruir a Irán “sumirla en la edad de la piedra”  como es habitual escuchar en los apocalípticos discursos y en la cantinela repetitiva de los gobiernos sionistas sean estos Laboristas o del Likud.

Imperialismo y Sionismo Una Alianza Ciega y Bruta

Cercar y destruir a Irán, no sólo porque es una potencia regional y ejerce una influencia decisiva, para los pueblos de la zona en su combate por la autodeterminación, como es el caso del Eje de la Resistencia. Destruirla por la codicia que despiertan sus recursos naturales como el petróleo, gas pero también porque  el bloque contra Irán cree que destruyendo la revolución iraní se dará un buen escarmiento a quien se atreva a hablar y avanzar por la soberanía y la dignidad frente al sometimiento global. El ascenso como potencia regional de este Irán dotado de energía a pesar del desgaste, de honor a pesar de las presiones y bloqueos, de voluntad a pesar de los afanes por derribarlo parecen justificar la decisión occidental. La triada Washington, Londres y Tel Aviv teje planes para concretar su plan, a contrapelo de cualquier decisión de organismos internacionales, a pesar de los llamados de alerta. La codicia es más fuerte y ese afán los ciega, los embrutece y nubla y sumen en ello a regímenes como el saudí y sus acólitos de las Monarquías Ribereñas del Golfo Pérsico.

¿Por qué el encono de las administraciones estadounidenses contra Irán? ¿Cómo entender una política de doble moral en materias de aceptar, avalar  y apoyar el Programa Nuclear de Israel – que no es parte del Tratado de No Proliferación Nuclear, pero ataca, sanciona y presiona a Irán, que es parte del TNPN y que busca a través de ese programa su independencia energética y sobre todo la defensa de su soberanía? Una primera respuesta a estas interrogantes, básica pero esencial, para entender la conducta de Irán frente a décadas de agresión, refiere a la defensa irrestricta de la soberanía de un país, que no se ha dejado someter a las presiones, ataques, cercos y políticas de sometimiento de Estados Unidos, que en conjunto con los gobiernos de Francia, Inglaterra e Israel, principalmente, han dedicado sus esfuerzos a detener el proceso de cambios que Irán comenzó a vivir a partir del año 1979.

Ayer, era la excusa de presionar a Teherán, a quien no se le perdonaba el derribar una monarquía aliada incondicional de Occidente. Posteriormente, se acusó a Irán de expansionismo territorial, en su guerra de defensa contra la agresión iraquí de la década de los ochenta del siglo XX. Una guerra criminal, que contó con la complicidad de occidente. Tras el fracaso bélico, se acusó a Irán de tratar de expandir el chiismo en la región, en función de la defensa de países y movimientos aliados como Siria, Hezbolá y la mayoritaria población chií de Bahréin. Agotado ese recurso político y comunicacional hoy Washington esgrime el programa nuclear, como la excusa perfecta para sindicar a Irán como una amenaza a la paz mundial, a pesar de la firma de los acuerdos nucleares entre el G5+1 que teniendo a Estados Unidos como firmante  sigue teniendo a este país en una conducta de contumacia agresiva contra el gobierno y el pueblo iraní.

En estos días el programa de misiles defensivos también sirve de excusa a Washington y su eco regional como es la entidad sionista, que alertan a los cuatro vientos sobre las pruebas de misiles de Irán. El ministro de Defensa de la nación persa, el general de brigada Husein Dehqan, aclaró el pesado miércoles 1 de febrero de 2017  que estas pruebas no violan de ninguna manera el Plan Integral de Acción Conjunta  – JCPOA, por sus siglas en inglés – ni la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas “La reciente prueba se ha realizado en el marco de los programas defensivos que mantiene el país persa. Irán no permite ni necesita ninguna intervención extranjera en sus asuntos”, afirmó tajante Dehqan.

Si se trata de atacar a Irán, todo sirve para Estados Unidos, sus aliados occidentales y para el régimen sionista, lo importante es siempre buscar nuevos campos donde tratar de desestabilizar, debilitar y no dejar avanzar los procesos políticos de países que no se alinean con el discurso dominante. La dignidad de los pueblos molesta al imperialismo, le incomoda que alguien salga de la fila y demuestre que se puede avanzar en la independencia más allá de la figura de borregos y países incondicionales y sometidos al poder de Washington. Si no hay adhesión y sumisión entonces los países se arriesgan al establecimiento de políticas como el denominado Golpe Suave – como el que sufre Venezuela – a políticas de agresión a través de bandas terroristas takfirí como las que padece Siria, Libia, Irak  o medidas de coerción, sanciones y bloqueos como las que sufre Irán, destinada a privarle de la sal y el agua.

Por eso, la búsqueda de excusas muestra que el programa nuclear iraní – a pesar de todos los compromisos cumplidos por Teherán – sigue siendo el caballito de batalla de Washington y su complejo militar industrial, que ha encontrado en Donald Trump, oídos receptores para intensificar las presiones contra Irán. Desde el punto de vista de la lógica y la racionalidad, el desarrollo nuclear iraní es parte, no sólo de su camino de decisiones como país soberano, es también parte de un juego político y de negociación. Es una de las maneras que tiene Teherán de advertir a naciones como Israel, Arabia Saudita y Turquía, que está en condiciones de desarrollar su programa nuclear y donde también, si lo quisiera, podría desarrollar armas nucleares. Pero esa decisión está descartada por el edicto religioso emitido por el Líder Supremo de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, que prohíbe la producción de armas nucleares y otras armas de destrucción masiva por ser contrarias a sus creencias. Así de claro.

Eso no es suficiente para Washington y sus títeres regionales, que  esconden los verdaderos objetivos tras sus ataques a Irán: Debilitar su gobierno a punta de sanciones y bajarlo de su condición de potencia regional y las líneas de liderazgo, que ha logrado consolidar desde hace una década. Es tan presente la fabricación de matrices de opinión contra Irán, que series y películas estadounidenses signan a la nación persa como un enemigo constante y dentro de ello una de esas creaciones audiovisuales, una serie televisiva llamada Homeland tiene el programa nuclear iraní en el centro de la trama que involucra a la CIA, el Mossad, Palestina, Siria, una nueva “mandataria” estadounidense  en una caracterización de la nación persa como un enemigo al cual derribar.

Se trata constantemente de demonizar a Irán y se sumerge en la complicidad más abyecta a la entidad sionista, crónica desestabilizadora de la región, la amenaza mayor a la paz en Oriente Medio y presentada en el imaginario de los medios de comunicación occidentales como “la mayor Democracia de Oriente Medio”. Una falacia, que al estilo goebbeliano, de tanto repetirlo se considera cierto en los escasamente críticos medios de comunicación occidentales. En el caso de Israel, a pesar de su negativa en admitir que posee, entre 200 y 400 artefactos nucleares, esa es una realidad innegable.

No sólo científicos de ese país, como John Amorin y Mordecai Vanunu  – que reveló esta información al Sunday Times inglés significándole ser secuestrado por el Mossad y trasladado Israel donde se le juzgó por traición – han dado a conocer la posesión de armas nucleares del régimen sionista, sino también informes de inteligencia filtrados tanto del Mossad como de la CIA y aliados del régimen de Israel, como son los organismos de Inteligencia de Francia e Inglaterra.

El régimen de Israel ha desarrollado su programa nuclear para crear armas de destrucción masiva, desde el año 1958 en el Centro de Investigación Nuclear del Neguev, vecino a la ciudad de Dimona, bajo la protección y el apoyo político, financiero y tecnológico de países como Estados Unidos, Inglaterra y Francia, cómplices activos en la violación de leyes internacionales que se le exigen a otros pero se justifican, descaradamente cuando se trata del aliado sionista.

La pugna que los gobiernos estadounidenses han llevado contra Irán desde el triunfo de la revolución, bajo los gobiernos de Jimmy Carter, Ronald Reagan, George Bush padre, Bill Clinton, Georges W. Bush, Barack Obama y el inicio del gobierno de Donald Trump, son la expresión de una forma de entender las relaciones internacionales, a partir de la arrogancia, la búsqueda de la supremacía y hegemonía en el campo internacional y, sobre todo, el profundo desprecio a los afanes de soberanía de los pueblos. Teniendo claro, que si en esa búsqueda de la sumisión de los otros en pos de los objetivos geoestratégicos de Washington hay que destruir una sociedad, fragmentar Estados, balcanizar regiones enteras, hacer polvo años de desarrollo social, hundir en el marasmo y el horror a países  y causar la muerte de cientos de millones de seres humanos, entonces lo harán: sin asco, con desprecio y efectividad.

A pesar de la decisión del gobierno del ex presidente  Obama de avanzar en un proceso de negociación con Irán, existe en Estados Unidos e intensificada en los últimos días con la toma de posesión de Donald Trump  una sorda lucha entre aquellos que desean matizar las sanciones, buscar alternativas de entendimiento, con otras posturas absolutamente belicistas. Ello, planteado por un partido republicano y un gabinete presidencial, que han asegurado que se deben impulsar nuevas sanciones contra Irán – ahora bajo la excusa de las pruebas de misiles por parte de la nación persa – a contrapelo de los acuerdos alcanzados en julio del año 2015 entre el país persa y el G5+1 donde se determinó el fin de las sanciones tras el cumplimiento de los compromisos asumidos por Teherán en el proceso negociador. El objetivo de los Halcones es claro: debilitar a Irán en aras de conseguir sus objetivos de cercar a este país y lograr recomponer su cuestionada hegemonía regional.

Hoy, a inicios del año 2017 en occidente, año 1395 en el calendario persa, en plena agresión contra el pueblo de Irán la defensa de la soberanía de esta cultura milenaria es sinónimo también de dignidad, conceptos que suelen sufrir andanadas de bombas lanzadas por drones, invasiones, misiles que surcan los cielos desde flotas estacionadas a cientos de kilómetros, incursiones áreas que no respetan a niños ni mujeres, que destruyen lo que ha costado miles de años construir. Soberanía y dignidad son conceptos carentes de significado para Estados unidos y sus socios occidentales y de Oriente Medio, pero no para el pueblo iraní en una conducta digna de admirar. La dignidad es un arma poderosa y cuando es parte de la defensa de la soberanía de un país, suele ser buen acompañante a la hora de usar misiles Ghadir y Nasr-e Basir surcando el cielo en un Karrar – 4 en defensa de una Revolución que ha cumplido 38 años

Pablo Jofré Leal

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