Cada Día Más Claro: ¡ El Sionismo Debe Desaparecer !

Setenta naciones, junto a las cinco potencias mundiales miembros del Consejo de seguridad de la ONU, se reunieron el pasado 15 de enero en parís,  con el fin de relanzar un proceso de paz estancado entre palestinos e israelíes. El resultado fue el previsible: nada nuevo bajo el sol.

A dicha cita no fueron invitados los miembros de la Autoridad Nacional Palestina (ANP)  como tampoco de la entidad sionista. El gobierno francés pretendía que tanto Netanyahu como Abbas  se reunieran en París como broche de esta Conferencia, idea imposible de llevar a cabo por la rotunda negativa del Primer Ministro israelí. El objetivo de la Conferencia  era sentar una política de consenso destinada a avanzar en el término de un conflicto que se arrastra  ya por 59 años y que se ha expresado, en lo concreto, en la pérdida territorial de gran parte de la Palestina histórica, la ocupación de los territorios de la Ribera Occidental a partir del año 1967, el cerco a la Franja de Gaza, la política de asentamiento con colonos judíos en el Wests Bank en una cifra que supera ya los 650 mil colonos y el establecimiento de bantustanes  sujetos a la administración civil y militar sionista, que hacen imposible pensar hoy en un Estado Palestino.

El contexto en que se produce el encuentro de Paris y el llamado efectuado por los 70 países asistentes, hace prever  pocos resultados y escasos avances en la materia que debe determinar este tipo de situaciones: la completa y definitiva autodeterminación del pueblo palestino, el retorno de los refugiados palestinos, el fin de los asentamientos judíos, el retiro total de las tropas ocupantes de los territorios del West Bank – como también de los Altos del Golán ocupado a Siria- terminar con la política de apartheid y violación a los derechos humanos del pueblo palestino ¿Será posible esto?

 

Cualquier otra exigencia a Israel en aras del “pragmatismo” del “realismo político” o en función de avanzar paulatinamente – en esta política de la postergación permanente y crónica de los sueños palestinos –  le da más aires y avala la impunidad con que actúa la entidad sionista, que ha ocupado a sangre y fuego los territorios palestinos. Cualquier otra solución, que no sea reconocer el derecho a existir del pueblo palestino es letra muerta y sólo servirá para que Israel siga violando los derechos humanos de una población decidida a lanzarse al ataque definitivo por el logro de su autodeterminación. Objetivo justo que la sociedad mundial debe apoyar bajo todas las formas de lucha.

La Conferencia de París encontró la altanera crítica del régimen sionista, a la administración estadounidense de Barack Obama en la agonía de su mandato y un mandatario electo – Donald Trump, que ha declarado  abiertamente su apoyo incondicional al régimen israelí e incluso la posibilidad de trasladar la Embajada estadounidense de Tel Aviv a Al Quds – Jerusalén –. Una clara provocación a los intentos de paz para la zona, una bofetada a la idea de lograr un Estado palestino independiente, como también un gravísimo insulto al mundo musulmán. Tal posibilidad, sin duda, acrecentará la legítima ira del pueblo palestino de por si catalizado frente a la política de asentamientos de colonos y los asesinatos de su población en los territorios ocupados y en el cerco a la Franja de Gaza.

La alarmante idea de enardecer al mundo árabe y al Islam,  a través de  trasladar la Embajada Estadounidense a Al Quds ha sido criticada incluso por aliados de Washington. Tal es el caso del canciller Francés, Jean Marck Ayrault quien señaló frente a la pretensión  de Trump que esta “tendrá graves consecuencias y su gobierno se verá ante la imposibilidad de hacerlo. Cuando se es presidente de los  Estados Unidos, sobre esta posición no se puede tener una visión tan unilateral, tan rotunda, hay que intentar crear las condiciones para la paz”. Frente a la opinión de Ayrault habría que preguntarse ¿Le importa verdaderamente al mandatario electo estadounidense crear las condiciones para la paz? ¿Mantendrá sus opiniones radicales una vez que esté en la Oficina Oval?

La Conferencia de Paris representó, según el Primer Ministro Israelí Benjamín Netanyahu “un encuentro inútil, con el objetivo de forzar ciertos términos sobre Israel que entran en conflicto con nuestras necesidades nacionales. Esta iniciativa aleja la paz y aparta a los palestinos de las negociaciones – bilaterales – directas. Esta Conferencia es el último vestigio del pasado antes que el futuro se establezca”. En clara referencia a la esperanza de Tel Aviv,  que Trump ayudará a echar por tierra las acciones de presión contra la entidad sionista y poder continuar así su política de ocupación de los territorios palestinos, que hagan inviable un Estado palestino independiente.

En las palabras de Netanyahu se expresa la esencia del sionismo: no respetar el derecho internacional, despreciar los acuerdos y  las resoluciones emanadas de organismos como la ONU y su Consejo de Seguridad e ignorar  encuentros como el de Paris. Lo sostenido por Netanyahu, unido al apoyo incondicional de Washington permiten esta defensa a ultranza  de su política nacionalsionista y sobre todo, la negativa y conducta contumaz del régimen israelí de avanzar en términos mínimos de entendimiento con la dirigencia palestinas sean estos de la ANP y menos aún con el Movimiento de Resistencia islámico – Hamas – en la Franja de Gaza.

Así, Israel sigue jugando con fuego, con una visión mesiánica,  con la creencia que en el actual estado de cosas en Oriente Medio difícilmente se podrá hacer frente a su política de ultraje criminal. Es por ello que la labor del Eje de la Resistencia, conformado por Irán, Siria, el Movimiento Hezbolá, Irak y combatientes palestinos, pueden ser un factor determinante en la lucha contra el sionismo, que más temprano que tarde se verá enfrentado a fuerzas que pondrán freno a la conducta de una entidad destinada a desaparecer.

Israel y una Existencia Artificial

No es posible entender el contencioso palestino-israelí, la Resolución N°2334 del 23 de diciembre del 2016, la convocatoria a la Conferencia de Paris sino consignamos como antecedente histórico de la política de ocupación sionista la Resolución N°181 de las Naciones Unidas del 27 de noviembre del año 1947, preámbulo de la injusticia instrumentada en la legalidad internacional, con el objeto de usurpar un territorio milenario al pueblo palestino, dejarlos paulatinamente sin derecho a la identidad y comenzar a generar, sobre todo a partir de los Acuerdos de Oslo del año 1993 la inoficiosa idea de los dos Estados.

En un interesante trabajo del diplomático y analista palestino Suhail Hani Daher Akel  titulado “el horror y el error de la Partición de Palestina” y que comparto en plenitud, este político afirma “La ONU el año 1947 delimitó su ideal de Partición. Por un lado, un artificial “Estado Judío” al cual le fue otorgado parte del territorio palestino a los europeos judíos askenazi, descendientes de los caucasianos Kahazares. Sin que estos registren antecedentes de una presencia física natural en la región, ni una genética similar a los pre bíblicos hebreos que procedentes de Egipto, entraron -según el capítulo de Josue- por la fuerza de la espada en Jericó. Estableciendo más adelante en algunas regiones de Palestina, los reinados de Israel y Judá. Traumática ocupación cargada con la ferocidad de la violencia hasta el 66 dC. Disuelto los reinos, la mayoría de ellos se fusionaron en convivencia con los filisteos – palestinos –  los babilonios – iraquíes – y los asirios y nunca más regresaron de manera hostil a Palestina. Por el otro lado. La Partición impulsó un ‘Estado árabe’. Llamado de este modo, de una manera abusiva y frente a las miradas atónitas palestinas, la ONU, desnaturalizó y alejó la identidad nacional palestina de su tierra y de sus raíces, cambiando ilegalmente su milenario nombre por el de ‘árabe’. Tampoco se tomó en cuenta la rica historia cananea-palestina y su presencia efectiva pre y pos árabe en Filistin, nombre arameo de Palestina, tal como figuró en los mapas de La Biblia antigua”

Suhail Daher nos da a conocer una serie de hechos y convicciones que echan por tierra toda esta leyenda tejida por el sionismo que pretende asimilar judaísmo con una ideología totalitaria surgida en Europa y que suelen usar como escudo protector frente a las críticas de su conducta criminal. Para este nativo de Al Quds y refugiado tras la Nakba “los citados Khazares, fueron la esencia del europeo judío desde finales del siglo VII y de los actuales sionistas a finales del siglo XIX. Este grupo humano del Cáucaso, vivió en Europa Oriental y en el Oeste de Rusia. Ávidos de poder. Buscaron una religión para canalizar el control de su gente. Cotejaron su origen cristiano y optaron por el judaísmo. En términos geográficos fueron llamados “askenaz” a causa de su similitud con Sajonia, uno de los 16 estados federados de Alemania, el que paso a ser el centro vital del judaísmo político-financiero centroeuropeo. Luego se expandieron a otras zonas de Alemania, Rusia, Hungría, Polonia y en las naciones de Europa del Este. Sin importarles Palestina y Jerusalén hasta finales del siglo XIX, con el advenimiento del sionismo. Enemigos de los antiguos judíos sefaradíes de Oriente y España, sin su participación, los askenazi se congregaron en 1897 en el primer Congreso Sionista en Basilea. Oportunidad, en que el húngaro judío askenazi Benjamín Ze’ev (Theodoro) Herzl, pregonó un futuro Estado judío en Palestina”

Las palabras de este palestino me anima a sostener que los asistentes a la Conferencia de Paris requerían un baño de la historia de una tierra que hoy sufre el actuar colonialista del sionismo. Un baño cultural, acompañado de un enjuague de dignidad, para dejar de pensar bajo los intereses  de Washington, sus aliados europeos, el lobby sionista en Estados Unidos, Francia e Inglaterra principalmente, que avalan el actuar del régimen israelí y una política denunciada como criminal en múltiples resoluciones.  Dictámenes que han exigido desde hace décadas la retirada sionista de los territorios ocupados, el desmantelamiento del muro de la Vergüenza, el retorno de los refugiados y el fin de los asentamientos de colonos judíos en el West Bank.

La Conferencia de Paris ha sido, simplemente, una etapa más en la constatación que Israel seguirá haciendo de las suyas mientras no exista la decisión de sancionar su acción criminal y bloquear sus actividades políticas y económicas. Para que Palestina sea, el sionismo debe desaparecer. Israel bajo los actuales liderazgos, con una sociedad mayoritariamente ciega, sorda y muda frente a la violación de los derechos del pueblo palestino, hacen imposible pensar en un retiro voluntario  de la Ribera Occidental, lo que obliga a exigir, mediante todas las formas de lucha, su salida de tierras que no les pertenece. Un Israel que suele hablar de la teoría de los dos estados pero sigue asentando colonos en tierras palestinas, sigue considerando a Al Quds como su capital, sigue ocupando el Valle del Jordán y usurpando lugares sagrados del mundo musulmán y cristiano. Una entidad que despoja tierras, destruye aldeas, erige un muro del apartheid, asesina palestinos. ¿Quién detiene la política colonialista, racista y criminal de Israel? La conferencia de París no ayudó un ápice en ello. Es hora que el Eje de la Resistencia comience a tomar cartas en el asunto.

 

Pablo Jofré Leal

http://www.hispantv.com/noticias/opinion/330500/palestina-israel-desaparece-paz-netanyahu

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